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Las herramientas de comunicación con las que a día de hoy contamos han hecho que las distancias dejen de ser muros y vivamos una fluidez no conocida por nuestros abuelos por nosotros mismos hace unos años.

Este descubrimiento ha hecho que cualquiera de nosotros que tiene un smartphone se haya chocado por la calle contra algo, o con mejor suerte haya esquivado “el bulto que veía venir”. Vivimos permanentemente conectados y la visibilidad se ha convertido en máxima.

invisibilidad

La gente ha sustituido los libros por un WhatsApp permanente y notificaciones constantes, y las Redes Sociales y el resto de facilidades a la movilidad han hecho que prácticamente todos tengamos en mayor o menor medida algún tipo de perfil online.

“Se me llena la boca con MI marca”

Es razonable y lícito que esta presencia, esta actividad constante y esta vorágine de datos quieran hacernos pulir nuestra reputación, y no hablo sólo de personas individuales, sino de aquellas empresas bien orientadas a un entorno social con una imagen (llamémosle) medianamente decente en la red.

Con todo esto, “nos cuentan” que se hace necesario gestionar esa marca, se habla tremendamente de notoriedad, de influencia, los grandes egos encuentran en este mundo hipercomunicado la horma de su zapato entre las estadísticas y el archinombrado Klout.

En definitiva, nuestra presencia de marca es parte de nuestra estrategia, y hay que generar esa notoriedad, qué si no?!

Pero… y si no? ¿Y si nuestra estrategia fuese justo la contraria? …

Los últimos tiempos me han hecho reflexionar al respecto y he visto casos en los que la estrategia pasa desde no publicitar la marca hasta pasar a la máxima invisibilidad posible. Y los casos van desde empresas enteras, establecimientos físicos a Departamentos o personas individuales:

  • He conocido de cerca el caso de una empresa que trabajaba subcontratada por otra. La primera prestaba unos servicios técnicos especializados con gran parte de personal trabajando de cara al público. Su cliente no sólo demandaba tener ese apoyo técnico, sino que implicitamente demandaba que ese servicio se hiciese transmitiendo la marca de la empresa contratista. El día en que estábamos hablando sobre su estrategia corporativa supe que su empresa era realmente grande pero me llamó la atención no haber oído nunca hablar de ellos ni de que existiese un servicio similar, mi inercia fue la de preguntar ¿por qué no trabajáis más en fortalecer vuestra marca? Su respuesta me desarmó: “tenemos todo el volumen de negocio que podemos tener, nos va bien, somos rentables y trabajamos bajo la marca de nuestro cliente, porque es su principal interés. Haciéndoles grandes a ellos ganamos nosotros“. Y ahí lo comprendí todo.
  • Conozco otro caso particular de trabajo en cliente, con un corte de cliente similar al anterior y con una plantilla en la mayoría de los casos bastante antigua. Clientes que llevan realmente muchos años en la actividad y que piden un servicio técnico de apoyo para fusionarse lo más discretamente posible con los trabajadores anteriores. La experiencia determinó que era mucho más fluida la relación cuanto más desapercibida pasaba la marca de los nuevos miembros de ese equipo. El día en que mantuvimos la conversación sobre los logotipos de la ropa de trabajo descubrí que ellos la solicitaban lo más similar a la del cliente para que les permitiese fusionarse en sus centros de trabajo sin generar mucho ruido renunciando al valor de marca externa, sino intentando la máxima invisibilidad para con la plantilla anterior.
  • En tercer lugar vivimos un caso completamente diferente. Si conocéis Hollister y el resto del grupo Abercombie, presente en España desde agosto de 2010 (para Hollister) y noviembre de 2011 (para A&F) y muy nombrado por su estilo de maketing rompedor, sabréis que sus establecimientos se caracterizan por no tener el usual escaparate, cambiándolo por otro tipo de marca transmitida en su modo de diferenciación particular (entre otros más o menos frívolos, como su política de tener modelos por “dependientes”). Si bien es cierto que en este caso la marca aparece en la ropa todo lo que no se publicita en el escaparate. Es otro modo, por qué no?
  • Pasando al tema departamental, uno llega a la conclusión de que uno de los mayores valores añadidos de algunos departamentos es ser lo más facilitador y transparentes e invisibles posible. Si tenemos en mente departamentos de logística, de sistemas, y todos aquellos departamentos o personas que dan soporte a la estructura, concluimos con que finalmente lo que se espera de ellos es que generen los mejores resultados lo más silenciosamente posible, permitiendo a la organización concentrarse en su core. Comunicando esos resultados apropiadamente, pero que sean como un cómodo y efectivo calzado silencioso.

Es cierto que renunciar a la marca o a la apetencia de notoriedad va en parte contra la inercia que caracteriza al top de las necesidades que Maslow estableció como una especie de estándar, pero a veces, optar por este tipo de estrategia puede hacer generar ese valor añadido que quizá no se había contemplado.

Y qué puede venir?

Dado que nos movemos en una dinámica vital bastante vertiginosa apostaría de forma personal por que no se tardará demasiado tiempo en ver cómo proliferan servicios personales o empresariales que nos permitan centrarnos en nuestro propio core. El caso más típico es el de las asistencias en limpieza de hogar, pero por la parte más atípica he vivido de forma personal un servicio de asistencia técnica a domicilio inusual, (ya que lo normal en aquel caso hubiese sido llevar el aparato estropeado al centro reparador), pero veremos también como vienen a recogernos el coche para devolvérnoslo limpio, como nos hacen la compra siquiera sin tener que hacer la lista, sino sólo confirmando, etc… ya que todo servicio que consideremos tedioso y que nos apetezca quitar de esa lista de tareas para dedicarnos a lo que consideremos importante es susceptible de generar una nueva oportunidad de negocio. Eso si, lo imprescindible es que esos servicios pasen lo más desapercibidos para nosotros.

Lo evidente es que hay cierto tipo de invisibilidad que sólo pueden adoptar los superhéroes, pues es una cualidad por la que no todo el mundo querrá apostar.

Gracias Bautista, hemos terminado, puedes formatear y publicar.

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