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Si a muchos os preguntaran qué cualidades destacaríais para el éxito empresarial podríais decir un montón de características que finalmente residen en la automotivación del líder, la capacidad de perseverar, la ilusión, etc, etc… Esto es lo que dice Google, yo tengo mi propia defensa.

Personalmente, y desde hace un tiempo, apuesto por la velocidad como LA cualidad empresarial. No hablo de emprendedores, ni de empresas individuales, sino de características del propio ser vivo que es esa empresa.

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¿Por qué?

Principalmente porque vivimos en un mundo en el que el cambio constante es la nueva normalidad, las cosas a nuestro alrededor están sucediendo increíblemente rápido, la era de la información está haciendo que los tiempos se acorten de una manera espectacular, y la conectividad permite un pseudo teletransporte que hace que la carrera tome un ritmo mucho más exigente al acostumbrado.

El que golpea primero, golpea dos veces

Esta frase conocida por todos cobra sentido más que nunca, porque:

  • El lanzamiento de productos ya no es como antes. A día de hoy, el ciclo de vida de un producto se ha acortado a probablemente a un tercio de lo que era hace unos años, y su ciclo de desarrollo también, pensad, sino, en lo que duraba un modelo de coche en el mercado y lo que dura hoy en día. Es normal ver que un modelo se renueva cada tres años. Es obvio que los productos de tecnología evolucionan rápidamente por el grado de avance de la técnica que les soporta, pero esta técnica también es el soporte de cualesquiera otros sectores industriales o de consumo. Los ciclos de renovación en moda que el grupo Inditex ha sido capaz de demostrar al mercado han puesto los nuevos jalones de hasta dónde puede llegar la velocidad, o pasando a otro sector, recuerdo como hace unos cuantos meses Mercadona fue el primero en sacar a la venta aquel hype del champú de caballo, agotando estanterías. Todo esto nos dice que a todos aquellos que estén perfeccionando su producto, que lo lancen, que sean pioneros, ya habrá tiempo de hacer una segunda revisión, pero el mercado quiere probarlo y quiere hacerlo hoy, y quizá haya alguien más que lo esté desarrollando.
  • Los procesos organizacionales tienen que ser ágiles. La toma de decisiones debe soportar esa dinámica de acortamiento y los intermediarios han de reducirse al mínimo. He visto con mis propios ojos como para la ejecución de un trámite de urgencia, se procedía de forma burocrática pasando por cuatro personas, implicando a tres más en el proceso. Conozco procesos de selección sencillos que han durado cinco meses… A día de hoy es relativamente normal encontrarse con organizaciones donde la contracción presupuestaria es tal que los puestos de trabajo acumulan la carga de persona y media, estrangulando al completo la eficiencia e incluso la efectividad de esa empresa, factores, que sin duda, le repercutirán de forma negativa a largo plazo.
  • La estrategia propiamente dicha (esa gran desconocida para algunos) necesita de forma imperativa estar en consonancia con esta velocidad. La anticipación debería ser el rasgo que marcase los planes a largo plazo, y esos planes deberían contemplar el acortamiento de cinco a tres años, aumentando la flexibilidad, la capacidad de reacción y planes de contingencia ante imprevistos contemplados como probables.
  • La tecnología y las nuevas capacidades son un regalo que el mercado de bienes y servicios nos hace para poder pisar el acelerador. Ese gran activo que es el conocimiento en forma de herramientas de trabajo nos proporciona un despegue y unas facilidades para poder ir más allá. Lo curioso es que cada vez más este punto se está llegando a convertir en uno de los indicadores de reputación en el sentido en que ver a una compañía utilizar tecnologías obsoletas nos hace sospechar de su propia eficiencia operativa, cuando eso no tiene por qué ser así, pero es algo con lo que tenemos que contar, siendo realistas. Aquello de la mujer del César, ya se sabe.
  • Esa flexibilidad debería calar hondo en todas las áreas funcionales. Las grandes empresas serían las mayores perjudicadas, pero a día de hoy el entendimiento del verbo fluir es sinónimo de supervivencia. Fluir en procesos, fluir en diversidad, desdibujando límites funcionales. ¿Quién no ha oído alguna vez aquello horroroso de “esto no me toca a mi”? El ritmo hoy es otro, y la cultura de la compañía debería saber adaptarse y fluir con esa necesidad.

¿Por qué velocidad y por qué no social?

Porque desde que el hombre es hombre (y la mujer es mujer) el cliente siempre tiene la razón. Y para que la tenga y averiguar lo que quiere es necesario escucharle. Si el cliente hoy no habla al otro lado del mostrador o en una encuesta de satisfacción (por cierto, se toman acciones tras recibirlas o sólo son un trámite?), sino que lo hace en las redes sociales, es el lugar donde hay que estar.

No consiste en ser social por serlo, ni porque la competencia sea ha hecho “el tuyter ese“, consiste en que estás ahí por un motivo, y ese es entre otros, el de escuchar y dar servicio a tu cliente, como siempre se ha hecho, y si eso puedes hacerlo rápido, mejor (actualmente 2 de cada 3 clientes esperan respuesta en menos de 24 horas)… Y al final volvemos a la velocidad.

En definitiva

Las empresas de alto rendimiento tienen hoy EL reto. Saber introducir esa velocidad como parte de su ADN, ser pioneras, adquirir el talento antes que el resto, formarles rápido, tomar decisiones ágiles, saber que al mercado hay que llegar pronto, sabiendo escuchar para saber adaptarnos, para saber predecir y para saber ganar.

… Y señores, discúlpenme que les de malas noticias: este juego está hecho para los que se atreven. Piénsenlo antes de darle al Play.

(Recomiendo al hilo un dossier espectacular acerca de este tema que Accenture ha elaborado y que no tiene el más mínimo desperdicio. Merece la pena leerlo)

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